"La clase de danza era el momento más emocionante de mi jornada. No veía la hora de llegar al estudio y siempre tiraba de la manga de kuniko para que se diese prisa. Entrar allí era como entrar en otro mundo. Yo estaba enamorada del crujir de la seda de las mangas del quimono, de las cadenciosas melodías de las cuerdas, de la formalidad, la gracia y la perfección del ambiente".
Mineko Iwasaki